La biodiversidad mundial enfrenta una presión cada vez mayor. Las poblaciones de vida silvestre monitoreadas registraron una reducción promedio de 73% a nivel global, mientras que en América Latina y el Caribe el descenso alcanzó 95%, de acuerdo con el informe Planeta Vivo 2026, elaborado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).
Las cifras reflejan la magnitud del deterioro que experimenta la naturaleza y la urgencia de transformar las actividades humanas que afectan a los ecosistemas. Sin embargo, el diagnóstico también documenta casos de recuperación de especies que demuestran que las medidas de conservación pueden revertir tendencias negativas cuando se mantienen a largo plazo y cuentan con la participación de gobiernos, comunidades, empresas y sociedad civil.
Durante una entrevista con Aristegui en Vivo, María José Villanueva, directora general de WWF México, explicó que el informe busca mostrar tanto la gravedad de la crisis ambiental como las posibilidades de actuar para frenar la pérdida de biodiversidad.
El reporte, que la organización publica cada dos años, analizó para su edición de 2026 un total de 35 mil 800 poblaciones pertenecientes a más de 5 mil 700 especies, alrededor de 300 especies más que en la edición anterior.
Villanueva precisó que el indicador no significa que haya desaparecido 73% de todas las especies del planeta. Lo que mide es el cambio promedio registrado en las poblaciones de animales monitoreadas mediante datos científicos. Una misma especie puede tener numerosas poblaciones distribuidas en diferentes regiones, cada una con una evolución distinta: algunas disminuyen, otras permanecen estables y otras consiguen recuperarse.
La diferencia es importante para comprender el alcance de los resultados. El indicador permite observar cómo están cambiando las poblaciones estudiadas a lo largo del tiempo, pero no representa directamente el porcentaje de especies que se han extinguido ni una reducción equivalente en el número total de animales que habitan la Tierra.
Pese a esta precisión, la tendencia general constituye una señal de alarma, especialmente en América Latina, donde el descenso de 95% refleja la intensidad de las presiones que afectan a la vida silvestre en la región.
La esperanza como herramienta para recuperar la naturaleza
Uno de los principales enfoques del informe de este año es lo que WWF denomina la “ciencia de la esperanza”, una perspectiva que busca demostrar que el deterioro ambiental no tiene por qué ser irreversible y que existen herramientas para recuperar especies y ecosistemas.
Para Villanueva, la esperanza no consiste en ignorar la gravedad de la crisis ni en confiar en que los problemas se resolverán por sí solos. Implica establecer objetivos claros, desarrollar estrategias sustentadas en evidencia científica y tener la capacidad de modificarlas cuando los resultados no sean los esperados.
Este enfoque también considera el sentido de agencia, es decir, la percepción de que las personas tienen la capacidad de influir en su entorno y contribuir a generar cambios. A ello se suma la resiliencia necesaria para mantener los esfuerzos de conservación incluso cuando los resultados tardan en llegar o aparecen dificultades.
La directora de WWF México destacó que transmitir esta convicción a las nuevas generaciones es fundamental. Si los jóvenes pierden la confianza en su capacidad para transformar las condiciones ambientales, advirtió, será más difícil sostener las acciones necesarias para enfrentar la crisis.
La especialista señaló que todavía existe una oportunidad para actuar, aunque el tiempo disponible se reduce. El conocimiento científico y las soluciones técnicas ya están disponibles; el desafío consiste en aplicarlos de manera coordinada y con la suficiente continuidad para producir cambios duraderos.
Finanzas, alimentos y energía: los sistemas que deben cambiar
El informe identifica tres grandes sistemas que necesitan transformarse para reducir la presión sobre la naturaleza: el financiero, el alimentario y el energético.
En el ámbito financiero, WWF advierte que una proporción considerable de los recursos económicos continúa respaldando actividades que dañan los ecosistemas, en lugar de destinarse a su conservación. Villanueva señaló que, por cada dólar dirigido a proteger la naturaleza, se canalizan 30 dólares a actividades asociadas con su destrucción.
Esta diferencia evidencia que la crisis ambiental no puede resolverse únicamente mediante campañas de reforestación, protección de especies o creación de áreas naturales. También requiere revisar las decisiones de inversión, los criterios para otorgar créditos y los subsidios que favorecen actividades con impactos negativos sobre el medioambiente.
La importancia de modificar estas dinámicas también está relacionada con la economía. De acuerdo con Villanueva, alrededor de 50% del producto interno bruto mundial depende de la naturaleza, por lo que el deterioro de los ecosistemas representa un riesgo para la producción, el abastecimiento de recursos y la estabilidad de las sociedades.
Desde esta perspectiva, conservar bosques, océanos, manglares y otras áreas naturales no es solamente una aspiración ambiental, sino una condición vinculada con la seguridad y la supervivencia humana.
El sistema alimentario constituye otro de los grandes desafíos. La producción de alimentos ejerce presión sobre los bosques, los manglares y los océanos, mientras que una parte importante de los productos obtenidos termina desperdiciándose. Villanueva señaló que aproximadamente una tercera parte de los alimentos producidos acaba en la basura.
Frente a este problema, el informe plantea la necesidad de mejorar el aprovechamiento y la distribución de los alimentos, impulsar prácticas como la agricultura regenerativa y avanzar hacia una pesca más sostenible. Estas medidas buscan reducir los daños a los ecosistemas y aprovechar mejor los recursos disponibles.
El desperdicio alimentario también pone de manifiesto las contradicciones del sistema actual: mientras una parte de la población enfrenta hambre, otras personas experimentan problemas asociados con el exceso de alimentación. Por ello, mejorar la producción y distribución de los alimentos es una tarea que involucra tanto la sostenibilidad ambiental como el bienestar social.
En el ámbito energético, la transformación pasa por reducir las emisiones contaminantes y ampliar el uso de fuentes renovables. Villanueva destacó que ya existen señales de cambios estructurales capaces de acelerar esta transición, a las que WWF denomina “puntos de inflexión positivos”.
Estos puntos ocurren cuando la acumulación de determinadas acciones termina modificando el funcionamiento de un sistema y favorece una transformación más amplia. Como ejemplo, la directora de WWF México señaló que la energía solar se ha convertido en una de las alternativas más económicas del mercado y que su acceso se ha extendido en numerosos países.
También indicó que las ventas de vehículos eléctricos aumentaron 25% durante el año anterior al informe. Para la organización, estos avances muestran que la transición energética está en marcha, aunque todavía es necesario ampliar los cambios hasta reducir las emisiones de distintos sectores de la economía.
A diferencia del sector energético, los sistemas financiero y alimentario todavía se encuentran en etapas iniciales de transformación, por lo que requieren cambios más profundos en sus incentivos, prácticas y formas de producción.
La tortuga verde y la mariposa monarca muestran que la recuperación es posible
Aunque el panorama general es preocupante, el informe busca documentar también los casos en los que las acciones de conservación han conseguido resultados favorables. Para WWF, estas experiencias permiten identificar estrategias que pueden replicarse y evitar que la crisis ambiental genere indiferencia o desánimo.
Villanueva recordó el caso de la tortuga verde, que estuvo sometida a una fuerte sobreexplotación y logró salir de la lista de especies en peligro de extinción gracias a diferentes esfuerzos de protección.
En su recuperación participaron políticas públicas, campamentos tortugueros, comunidades, organizaciones de la sociedad civil y turistas. El ejemplo muestra que la conservación no depende exclusivamente de las autoridades ambientales, sino de la coordinación entre distintos sectores y de la continuidad de las medidas adoptadas.
En México, otro caso destacado es el de la mariposa monarca, cuya población registró un incremento durante el año del informe, después de experimentar fluctuaciones en periodos anteriores. Villanueva también mencionó al borrego cimarrón como ejemplo de recuperación.
Estos avances no significan que todas las amenazas hayan desaparecido ni que las especies estén completamente fuera de riesgo. Sin embargo, muestran que las tendencias pueden cambiar cuando se generan condiciones adecuadas para la supervivencia de los animales y la conservación de sus hábitats.
La experiencia también refuerza la importancia de proteger los ecosistemas en los que viven las especies, pues su recuperación depende de que encuentren alimento, refugio y condiciones ambientales apropiadas para reproducirse.
Para WWF, el objetivo es que estos casos de éxito dejen de ser excepciones y se conviertan en resultados habituales de las políticas ambientales. La organización sostiene que dar espacio a la naturaleza y trabajar con ella puede contribuir a recuperar poblaciones y ecosistemas.
WWF cumple 30 años en México
La presentación de Planeta Vivo 2026 coincide con los 30 años de presencia de WWF en México. Villanueva destacó que, durante estas tres décadas, la organización ha trabajado en la conservación de la biodiversidad de un país considerado megadiverso por la variedad de especies y ecosistemas que alberga.
A escala internacional, WWF tiene 65 años de historia y presencia en más de 100 países, con más de 9 mil personas que trabajan en la organización. Sus actividades comenzaron con un enfoque centrado en la conservación de la vida silvestre, y una de sus primeras campañas estuvo relacionada con la disminución de las poblaciones de rinoceronte negro en África.
La organización utiliza un panda como emblema, símbolo que surgió como una representación de la colaboración entre China e Inglaterra. Su diseño en blanco y negro también facilitaba y abarataba su reproducción durante los primeros años de la institución.
Villanueva describió a WWF como una organización basada en la ciencia que trabaja con gobiernos, empresas y organizaciones de la sociedad civil para impulsar iniciativas de conservación. En ese sentido, subrayó que la responsabilidad de enfrentar la crisis ambiental no corresponde únicamente a las instituciones especializadas, sino que requiere la participación de distintos sectores de la sociedad.
Una carrera por el jaguar para impulsar la conservación
Como parte de sus esfuerzos para acercar a la población a las acciones ambientales y recaudar recursos para proyectos de conservación, WWF México organizará su primera carrera dedicada al jaguar.
La Carrera WWF Edición Jaguar se llevará a cabo el 29 de noviembre de 2026, a las 7:00 horas, en Chapultepec, con una caminata de tres kilómetros y carreras de cinco y 10 kilómetros.
Los recursos recaudados se destinarán a proyectos de conservación del jaguar y la mariposa monarca, así como a iniciativas comunitarias relacionadas con la producción de miel sustentable y la protección de manglares.
Las inscripciones están abiertas a través del sitio de WWF México. La organización informó que habrá un precio especial hasta el 1 de noviembre y que el cupo será limitado.
La iniciativa busca que la ciudadanía participe de manera directa en la conservación y conozca cómo sus aportaciones pueden contribuir al financiamiento de proyectos ambientales.
El mensaje central de Planeta Vivo 2026 es que la pérdida de biodiversidad constituye un problema que requiere respuestas urgentes, pero no una situación ante la que la sociedad deba resignarse. Las cifras muestran la magnitud del deterioro; los casos de recuperación, en cambio, evidencian que es posible modificar las tendencias mediante estrategias científicas, cambios económicos y colaboración social.
La oportunidad para actuar sigue abierta, aunque cada vez es más limitada. Para WWF, el desafío consiste en convertir el conocimiento y las soluciones existentes en acciones sostenidas que permitan proteger la vida silvestre y asegurar que las próximas generaciones encuentren ecosistemas capaces de mantener la vida en el planeta.

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